
En otra época, junto a su hermano Xander, era conocido como Zack Aniquilación y era uno de los supervillanos más temidos del país. Sin embargo, tras la muerte de Xander, Zack ayudó a enchironar al jefe de los malos y renunció para siempre a vestir su traje y a usar sus poderes, acogiendo una nueva identidad a través del programa de protección de testigos. Sin embargo, Zack no es feliz con su nueva existencia y cuando descubre que todavía puede usar sus superpoderes volverá a ponerse el antifaz para sentirse vivo con la esperanza de partir algunos cráneos, confiando en que al estar del lado de la justicia pasará inadvertido y podrá desfogarse, sin riesgo alguno para su tapadera. Pero lo que no sospechará es que cuando algunos civiles, sus supervisores del programa de protección de testigos y la organización criminal para la que solía trabajar se enteren de sus andanzas, sus problemas no habrán hecho más que empezar (y esta vez, estará solo para hacerles frente). En definitiva, una historia donde lo más inquietante de su argumento radica en el hecho del hastío que debe de suponer para una persona extraordinaria verse obligado a pasar por alguien normal, contado desde el punto de vista del genial Ed Brubaker (estoy deseando leerlo, aunque ya sé que no será tan bueno como el antes mencionado Sleeper).