
Y es que tal y como se ha dicho antes, no se trata de un comic de superhéroes, sino que seremos partícipes de la historia de un chico normal con un tremendo potencial sumido en la vorágine que consumió a su país y que provocó la muerte de millones de inocentes. Además en este comic se nos desvelará su verdadero nombre (Max Eisenhardt), pues como es bien sabido, a lo largo de su trayectoria, este famoso personaje ha utilizado muchos otros, pero por primera vez se nos desvela el verdadero, al que renunciaría posteriormente tras los crueles acontecimientos que tuvo que contemplar durante su juventud. Poco tiene que ver el joven Max con el hombre en el que posteriormente se convertiría.
Y es que Magneto siempre me ha resultado un villano con unas motivaciones y una «lógica» que le diferencian de otros homólogos suyos, cuya única razón para sembrar el caos es simplemente porque están chalados. Magneto es un personaje imbuido con una ambigüedad moral, que ante todo desea proteger al pueblo mutante, aunque eso signifique exterminar a los humanos. La ironía de esta filosofía está clara, pues se asemeja demasiado a la que predicaban aquellos que deseaban proteger la pureza del pueblo ario, aún a costa del exterminio de otros pueblos «inferiores». Por todo lo vivido en su juventud, Magneto es alguien que desea hacer lo que para él es «lo correcto», y por ello acabará jurándose a sí mismo que no permitirá que algo como todo lo que vivió de joven vuelva a repetirse, aunque al hacerlo se esté convirtiendo en aquello en lo que más odia.
En definitiva, se trata de un muy buen comic (en algunos blogs he leído que es de lo mejorcito que se ha publicado últimamente), donde se nos narra simplemente la historia de un joven inocente atrapado por una locura incomprensible y obligado a contemplar atrocidades más allá de toda lógica. Contada con un minucioso rigor histórico producto de una larga investigación por parte del guionista, «Magneto: Testamento» reconstruye una pequeña porción de esa página negra de la historia desde la perspectiva de un niño. El hecho de que este niño sea un personaje ficticio es lo de menos, pues incontables personas reales pasaron exactamente por lo mismo.
Y es que Magneto siempre me ha resultado un villano con unas motivaciones y una «lógica» que le diferencian de otros homólogos suyos, cuya única razón para sembrar el caos es simplemente porque están chalados. Magneto es un personaje imbuido con una ambigüedad moral, que ante todo desea proteger al pueblo mutante, aunque eso signifique exterminar a los humanos. La ironía de esta filosofía está clara, pues se asemeja demasiado a la que predicaban aquellos que deseaban proteger la pureza del pueblo ario, aún a costa del exterminio de otros pueblos «inferiores». Por todo lo vivido en su juventud, Magneto es alguien que desea hacer lo que para él es «lo correcto», y por ello acabará jurándose a sí mismo que no permitirá que algo como todo lo que vivió de joven vuelva a repetirse, aunque al hacerlo se esté convirtiendo en aquello en lo que más odia.
En definitiva, se trata de un muy buen comic (en algunos blogs he leído que es de lo mejorcito que se ha publicado últimamente), donde se nos narra simplemente la historia de un joven inocente atrapado por una locura incomprensible y obligado a contemplar atrocidades más allá de toda lógica. Contada con un minucioso rigor histórico producto de una larga investigación por parte del guionista, «Magneto: Testamento» reconstruye una pequeña porción de esa página negra de la historia desde la perspectiva de un niño. El hecho de que este niño sea un personaje ficticio es lo de menos, pues incontables personas reales pasaron exactamente por lo mismo.